jueves, 9 de mayo de 2019
martes, 7 de mayo de 2019
Hija de Roma
Capítulo 1
Estaba yo, en mi casa con mi hermano pequeño que jugaba con su cachorro de color negro. Yo leía el "Himno a Afrodita" de Safo, una de las poetisas griegas que admiraba y decía así:
Estaba yo, en mi casa con mi hermano pequeño que jugaba con su cachorro de color negro. Yo leía el "Himno a Afrodita" de Safo, una de las poetisas griegas que admiraba y decía así:
¡Oh, tú en cien tronos Afrodita reina,
Hija de Zeus, inmortal, dolosa:
No me acongojes con pesar y sexo Ruégote, Cipria! Antes acude como en otros días, Mi voz oyendo y mi encendido ruego; Por mi dejaste la del padre Zeus Alta morada. El áureo carro que veloces llevan Lindos gorriones, sacudiendo el ala, Al negro suelo, desde el éter puro Raudo bajaba. Y tú ¡Oh, dichosa! en tu inmortal semblante Te sonreías: ¿Para qué me llamas? ¿Cuál es tu anhelo? ¿Qué padeces hora? —me preguntabas— ¿Arde de nuevo el corazón inquieto? ¿A quién pretendes enredar en suave Lazo de amores? ¿Quién tu red evita, Mísera Safo? Que si te huye, tornará a tus brazos, Y más propicio ofreceráte dones, Y cuando esquives el ardiente beso, Querrá besarte. Ven, pues, ¡Oh diosa! y mis anhelos cumple, Liberta el alma de su dura pena; Cual protectora, en la batalla lidia Siempre a mi lado.
Hermoso poema donde refleja el respeto y devoción a la diosa. De repente, un legionario, fornido y apuesto, entró al jardín donde nos encontrábamos para entregar un mensaje de nuestro padre. Él era cónsul en Roma y uno de los que más influencia tenía en el senado. En ese momento estaba en guerra contra los bárbaros del Este del Rin. Tuve un mal presentimiento, caminé hacia él y tome el rollo que me tendía para leerlo. Mi presentimiento estaba equivocado, mi padre aun vivía y en mi rostro se dibujo una sonrisa llena de alivio, como podría olvidar la grafía de mi padre. Después de terminar de leer, corrí hacia los aposentos de mi padre para tomar papiro y tinta para darle una respuesta. Mi hermano no dejaba de divertirse con su pequeño cachorro, corría y corría sin parar.
Finalmente, termine la carta y se la entregue, no sin antes darle algo de agua y comida por el largo trayecto que tuvo que recorrer el mensajero desde la lejana Germania Superior. Descanso hasta la hora sexta y se fue, cabalgando con prisa. Mis esclavas me informaron que el pedagogo de mi hermano había llegado. Me divertía bastante cuando veía que se molestaba o hacia berrinche. Lo obligue a ir y con su cachorro se fue algo enojado. Muchas cosas habían pasado desde que nuestra madre murió por unas terribles fiebres. El amor de nuestro padre nos mantuvo, al igual que su estatus en Roma, antes de ser cónsul, era legionario de la VII Ferrata, al mando del legato Corbulón. Después de eso se casó con mi madre, una mujer de sangre de nobles. Se decía que ella provenía del mismísimo vientre de Venus, por su belleza y calidez. Nos tuvo a ambos pero ella se fue después de dar a luz a mi pequeño hermano Claudio.
Safo de Mitilene
Senātus Populusque Rōmānus (SPQR)
|
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

